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MINERIA

Mineria como en la colonia y época republicana

Para vender metales, Bolivia depende de fundidoras en EEUU, España y el Asia. La carencia de plantas de fundición quita al Estado dividendos que se traducen en ingresos por regalías mineras y pago de impuestos por la comercialización de minerales al exterior.

Simón I. Patiño, el varón de la minería boliviana durante el Siglo XX, si volvería a la actividad en estos días, no extrañaría nada, pues el país continúa dependiendo de la comercialización de metales en el mundo de plantas de fundición que operan en los Estados Unidos, España y Asia. Así lo certificaron a Libre Empresa el ministro de Minería, César Navarro, y el propio presidente de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), José Pimentel.
“Entre el 70 al 75 por ciento de la producción nacional de minerales deben salir inexcusablemente al exterior como concentrados, es decir, carga sin procesar, para que puedan ser fundidos como metales y luego recién ser comercializados”, sostiene Pimentel.
Así, por ejemplo, el 43% de los concentrados que extrae San Cristóbal, la primera operación privada de la transnacional japonesa Sumitomo, que explota el mayor filón de plata en el sudoeste del departamento de Potosí, sale al exterior para que pueda ser refinado en hornos de fundición norteamericanos, españoles o asiáticos, según el ejecutivo.
Este volumen de minerales que salen fuera del país para ser procesados en plantas extranjeras, sube más para el caso de la empresa minera Sinchi Wayra, filial de la suiza Glencore, otro emprendimiento privado que tiene bajo control los más importantes grupos mineros del país, pues opera más de cinco minas en los departamentos de Oruro y Potosí.
Según Pimentel, la empresa lleva hasta un 50% del mineral que explota al exterior para que pueda ser refinado en plantas de fundición. Sinchi Wayra extrae principalmente estaño, plata, plomo y zinc, todos minerales destinados a la exportación.

Pérdidas millonarias
Llevar minerales como concentrados para que puedan ser refinados en plantas de fundición del exterior, generó otro gran problema para el Estado: pérdidas millonarias de divisas, que se traducen en una reducción sustancial de regalías mineras y pago de impuestos.
Debido a esta situación, el país debe subrogarse costos, por ejemplo operativos, de pago de seguro para prevenir robos o extravíos del mineral, pero además, los gastos que significa procesar minerales y refinarlos en plantas de fundición del exterior, describe Pimentel.
¿A cuánto llegan las pérdidas para el Estado?, ¿de qué cantidad de volumen de mineral estamos hablando que salen fuera del país?, preguntó Libre Empresa.
La cifra es poco más que impresionante. Casi el 57% del costo del mineral no llegan a las arcas del Estado, por el contrario, salen al exterior y se diluyen en costos adicionales que los comercializadores privados o, en su caso, las empresas privadas asumen para refinar los minerales, gastos que después tiene que pagar el país recibiendo sólo un porcentaje, estimado entre el 10 al 12 por ciento, responde Pimentel.
Para ser más descriptivo, apela a los números. San Cristóbal, por ejemplo, exporta minerales por un valor anual de $us 1.000 millones, de los cuales, $us 570 millones quedan para la empresa, mientras que para el Estado llegan sólo $us120 millones, un poco más del 12%, del valor en bruto que tiene el mineral, en divisas, regalías e impuestos, precisa.

Problema colonial
La realidad de la industria minera fue también reconocida por el ministro de Minería. “Uno de los grandes problemas (que tenemos) es que dependemos de los hornos de fundición de España, Estados Unidos y Asia”, admite.
El problema es colonial, pues hasta ahora el Estado no pudo vencer el umbral de la explotación sólo de materia prima. La industrialización, que es sinónimo de construir plantas de fundición, está aún lejos, dice.
A pesar de esta situación, aclara que en la fundición de Vinto, el 95% de la producción de estaño ya es procesado como metálico.
En busca de levantar banderas de independencia y soberanía, el ministro anunció también que el próximo año el país comenzará a implementar dos plantas de función, en Oruro y Potosí, para procesar y refinar concentrados de zinc.
“Ya no vamos a depender de EEUU, España o Asia. El proyecto que estamos presentando está en esa lógica, la de contar con plantas de fundición y refinación de zinc para lo cual se están haciendo gestiones de financiamiento al más alto nivel en el Eximbak, el mayor ente financiero de la República Popular de China”, explica Navarro.
“Cerraremos, finalmente, un círculo de la cadena minera que no teníamos desde la época colonial”, subraya.

Una historia de frustraciones
“La historia de las fundiciones en Bolivia es la historia de las frustraciones del país en su lucha por concretar un ancestral anhelo de usar los metales como motor del desarrollo”, señala el exministro de Minería Dionicio Garzón.
Según la exautoridad de Estado, producir metales en vez de concentrados de minerales que luego se fundían/funden en el exterior, ha sido una meta centenaria, apuntó el experto en un documento bibliográfico de reciente data que puso a luz pública bajo el título de Oro, Plata y Estaño, Ensayos de la minería nacional.
Los proyectos que arrastraron decepciones para el Estado se dieron en las instalaciones de las fundiciones de estaño, particulares primero y la estatal Vinto después en 1967, precisa.
El país también instaló la centenaria fundición de bismuto, que operó mientras el precio permitía operar la mina Tazna y los elefantes blancos que adornan nuestra historia: Karachipampa y la Planta de Volatilización de La Palca, rememoró Garzón.

Materia prima
Para Garzón, el ejemplo más emblemático de la frustración nacional constituye el complejo metalúrgico de Karachipampa, que hasta ahora busca operar en el departamento de Potosí.
La planta fue culminada en 1985, concebida para obtener plomo y plata metálicos con un componente periférico para obtener zinc metálico. Sin embargo, el territorio nacional es rico en yacimientos de zinc, de zinc con plata y no así de plomo y plata, que más bien son una excepción, relata.
Fue precisamente esta característica la que decidió el destino del complejo piro metalúrgico, dice Garzón. “Como siempre ocurre en este país, se pensó en todos los detalles de la planta, menos en la materia prima para alimentarla”.
Pero no sólo fue eso. Según revela la exautoridad, el complejo se concibió en base a las minas de Matilde y Cascabel del norte de La Paz, “que sí tenían los dos componentes, es decir plata y plomo, aunque están situados en un lugar distante a la fundición”.

 

Hay interés de empresas de China, Australia y Canadá
Inversión de $us340 millones
para fundidora de zinc

El Estado dejará de regalar el 50% de los minerales raros que posee a la China, Corea del Sur y los Estados Unidos, y venderá hasta un 100% de metal procesado y de alto valor estratégico para la industria tecnológica mundial.
Con ese fin encamina decisiones al más alto nivel para montar, de no mediar inconvenientes, una moderna fundidora de zinc en la ciudad de Oruro a un costo de $us 340 millones. El proyecto ya está aprobado en el gabinete económico y las autoridades comenzaron a explorar opciones para hacer realidad la planta, con respaldo de socios extranjeros, anuncia primicialmente a Libre Empresa el gerente general de la Empresa Metalúrgica de Vinto, Ramiro Villavivencio.
El director del Servicio Geológico Minero (Sergeomin), Roberto Pérez, así como el Presidente de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), José Pimental, certificaron también la existencia del proyecto y cada cual, justificaron su implementación.
Pimental, sin embargo, menciona algunos obstáculos, sobre todo de orden institucional, que tendrán que superarse en el sector para concretar el proyecto, problemas que tienen que ver sobre todo con la refundación de la Comibol.  
De esta manera, las autoridades del sector minero anticiparon que se busca frenar en seco la fuga de plata, tantalio, indio y manganeso, entre otros minerales que están saliendo junto a miles de toneladas de concentrados de zinc con dirección a China, Corea, EEUU y Europa. Con esta finalidad, el Gobierno puso en marcha planes orientados a la instalación de plantas de concentrados en Colquiri y Potosí y dos plantas de fundición en Oruro y Potosí.
Todos estos planes deberán estar afinados a más tardar en 2019. El anuncio corresponde al viceministro de Desarrollo Productivo y Minero Metalúrgico, Mario Flores, para quien el Gobierno declaró a los metales raros, factor estratégico para el desarrollo de la industria minera boliviana durante el Siglo XXI.

Fuga de minerales
Al no existir tecnología para refinar el zinc que sale de la mina Colquiri, China se lleva mensualmente –sin pagar un solo dólar– 130 gramos de plata y al menos 400 gramos más de indio, junto a tantalio, galio y otros componentes de metales raros no cuantificados en volumen por cada tonelada del concentrado, según explica a Libre Empresa el gerente general de la empresa estatal, David Moreira .
“Lo que hace Colquiri es vender esta inmensa cantidad de mineral a una empresa boliviana de nombre Blouquest, que es una compañía intermediaria de la mayor empresa de función de minerales de la República Popular de China donde, finalmente, es procesada la carga para provecho y uso de la industria pesada y tecnológica del gigante asiático”, dice.
La fuga de divisas en minerales estaría entre $us 100 a 600 por tonelada, que al precio actual del metal en el mercado mundial generaron $us 84 millones en los últimos nueve meses.
Colquiri espera utilidades netas por $us 13 millones hasta fin de año. Lo que sale de contrabando triplica las ganancias que tendrá la mina.

Revertir la situación
La intención que tiene el gobierno es el de revertir la actual situación, “vale decir seguir exportando materia prima”, manifiesta Villavicencio.
“La visión ahora es diferente. Vamos a ingresar a la fase de fundición y refinación, la cual estará en el departamento de Oruro, inicialmente, es decir, ya no vamos a exportar nuestros concentrados de zinc para tener la posibilidad de aprovechar otros subproductos como la plata, el oro, indio y otros minerales”, asegura a su vez Flores.
De antemano, Villavicencio anuncia que la moderna planta de fundición de Oruro tendrá para refinar hasta 150.000 toneladas año de concentrados de zinc.
“Con esa cantidad, vamos a multiplicar, incluso por dos, las regalías que recibe Oruro, por ejemplo, o Potosí, sin mencionar que habrá generación de más empleos y es posible incluso desarrollar tecnología de alta gama en el Estado”, apunta el gerente de Vinto.
¿Hay interesados?, pregunta Libre Empresa a Villavicencio.
“Estamos buscando inversiones extranjeros con tres condiciones: Primero, La  tecnología que usarán tiene que estar probada en fundidoras del exterior. No vamos a volver a experimentar. Segundo, el Estado tendrá que ser el administrador del proyecto con el 51% de las acciones. Tercero, quien o quienes se hagan cargo del proyecto tendrán que asegurar mercados para los metales raros en el mundo”, responde.
Con esas condiciones ¿Hay interés? “Inversionistas y empresas de la China, Australia y Canadá mostraron interés y el gobierno está mirando la mejor opción”, asegura el ejecutivo.

 

Presidente de la Comibol, José Pimentel:

“Los objetivos políticos del gobierno sobre la minería están atrasados”

¿Qué balance hace usted de la minería boliviana transcurridos once años de gobierno?
El problema de la evaluación del sector depende mucho del ángulo del cual se lo enfoca. Nosotros estamos conscientes que en términos económicos macro, la minería está bien. Si bien existió un decrecimiento en cuanto a los niveles de exportación, en lo general, el comportamiento es positivo y esperamos que hasta fin de año podamos superar los niveles (de exportación) del año pasado.
En el caso concreto de Comibol, nuestras tres empresas están altamente rentables. Huanuni tiene una rentabilidad de $us15 millones, Colquiri espera superar los $us12 millones y Coro Coro registró hasta septiembre 500 mil dólares en utilidades netas.
Entonces, en esos términos podemos decir que estamos bien.

¿Cuál es la mayor frustración hasta ahora?
Estamos retrasados en los objetivos políticos que tiene el gobierno sobre la minería. Muy retrasados en cuanto a la industrialización y el montaje de plantas de fundición. Seguimos siendo un país exportador de materia bruta y no podemos pasar al proceso de industrialización de los minerales. Este es el gran déficit.

¿Y la refundación de Comibol, en qué situación está?
No hemos logrado establecer una sola empresa corporativa que vea todo el sector minero en el Estado. Nuestras empresas son autónomas, independientes y desintegradas. Así, la fundición, la comercialización, están al margen de la Comibol. En realidad, la Comibol no exporta nada. Estamos exportando minerales a través de comercializadoras privadas.

¿Déficit estructural?
“Es decir, en cuanto al proyecto global que tiene nuestro presidente Evo Morales, estamos muy retrasados y debemos decirlo claramente, porque además no hemos logrado un consenso en cuento al decreto de reestructuración de la Comibol.

¿Qué está pasando?
Por ahora está paralizado. No hemos logrado consensuar con la Federación de Trabajadores Mineros. La actual desestructuración de la Comibol inviabiliza muchos proyectos, por ejemplo, el complejo de fundición que esperamos hacer realidad en Oruro y Potosí, cada uno por aproximadamente 340 millones de dólares, cuando se habla de financiamiento serio.
Así, por ahora Vinto, la empresa metalúrgica de estaño, no va a poder financiar, por si sola, una fundidora porque no es productora de zinc, pero tampoco nosotros, a pesar que tenemos minas que lo producen, debido a que es necesario rearticular el sector para promover el proyecto. No queremos que suceda lo mismo que Karachipampa.
Por eso queremos una Comibol con alta capacidad gerencial, administrativa, que concentre todos los excedentes de la cadena productiva y maneje el sector integralmente.
En un futuro inmediato, todas las empresas deben ser parte de la corporación y ese el objetivo final.
La Comibol hoy no tiene minas, sólo tres empresas. Nos urge hacer una labor de hacer labores de exploración de nuevos yacimientos.

 

Edwin Miranda V. / La Paz

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