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EMPRENDEDORES

Tropical Chicken, una franquicia boliviana “de película”

Durante los tres primeros años, Tropical Chicken sólo generaba pérdidas y extenuantes jornadas de trabajo para los tres jóvenes socios, quienes mantenían el negocio a duras penas y estuvieron a punto de venderlo para recuperar sus inversiones.

Y pensar que todo comenzó en un cine. Con un capital de $us 3.000, sin ideas claras de cómo invertirlo, pero con el sueño de la independencia económica, de ser emprendedores, tres jóvenes amigos se unieron para crear una empresa gastronómica que pasó a constituirse en un verdadero modelo de franquicia boliviana: Tropical Chicken.
Alberto Torrecillas, administrador de empresas; Eduardo Fusi, ingeniero comercial; y Mauricio d’Avis, profesional formado para el mundo del cine, son los protagonistas de este “largometraje” que hace 12 años emprendieron un negocio a su corta edad de 24 años.
2006 fue el año del inicio de la sociedad que surgió motivada por la apertura de la primera sala de cines en Cochabamba. “Nos enteramos que Cine Center iba a abrir sus puertas en Cochabamba, averiguamos un poco y supimos que era un éxito en Santa Cruz. Entonces, lo primero que decidimos fue reservar un espacio. Dijimos: Hagamos algo en el patio de comidas. Juntamos $us 3.000 para la garantía del contrato y arrancamos”, cuenta Alberto.
Cine Center demoró tres años en construirse, entretanto, los amigos volvieron a sus actividades regulares, pero después volvieron a reunirse ante la proximidad de apertura del centro recreativo para dilucidar qué hacer.
La familia de Eduardo Fusi tiene un negocio gastronómico de pollos en Tarija y guiados por esa experiencia, los jóvenes socios apostaron por establecer uno similar en Cochabamba. “Hemos comenzado como Tropical Pollos durante un par de años, pero luego le pusimos el nombre definitivo, Tropical Chicken”, comenta Mauricio.

El duro comienzo
Durante los tres primeros años, Tropical Chicken sólo generaba pérdidas y extenuantes jornadas de trabajo. Cada uno de los socios tenía su propia actividad: Torrecillas trabajaba en una empresa de serigrafía; Fusi en Entel y d’Avis estaba inmerso en sus estudios de postgrado. Tropical Chicken formaba parte de su tiempo extra.
Los tres años iniciales fueron un duro aprendizaje para los emprendedores. “Durante cuatro años no hemos recibido un solo centavo de ganancia, incluso hemos mantenido la marca con la intención de venderla. Todo era poner, poner y poner. Tras finalizar nuestra jornada laboral en nuestras respectivas empresas, todos teníamos que tomar aliento y respirar profundo para atender Tropical Chicken hasta el final del día, con el resultado de que a fin de mes generaba pérdidas”, confiesa Alberto.
“En materia de hacer negocios nadie te ayuda”, asegura a su vez Mauricio y agrega que fruto de esa inexperiencia recibieron multas de todo tipo en más de una ocasión; las más dolorosas, por gentileza del Servicio Impuestos Nacionales.
Para echar andar el negocio y mantener firmes los propósitos originales, los jóvenes tuvieron que recurrir en más de una ocasión al apoyo económico de la familia, toda vez que los bancos les dieron la espalda.
“La banca nos ha cerrado las puertas toda la vida. Queríamos un préstamo y nos pedían un bien real de garantía para hipotecar; lamentablemente no hay fomento a la empresa”, recuerdan los socios, pero agradecen a quienes confiaron en ellos y les tendieron la mano para hoy saborear los frutos del éxito.


El día del crecimiento
Al cuarto año del emprendimiento, cuando estaban a punto de tirar la toalla, los jóvenes comenzaron a notar cierto equilibrio financiero y fue ese el momento ideal para tomar decisiones; la esencial: convertir a Tropical Chicken en su principal actividad económica.
En ese contexto, la primera medida adoptada fue pedir a Eduardo Fusi que renuncie a su trabajo. Para ello, se decidió cubrir sus necesidades salariales con el fin de que sus grandes cualidades gastronómicas se plasmen de manera exclusiva en la cocina de la empresa. La pasión de Eduardo por la gastronomía lo llevó a formarse como chef, situación que ayudó a definir su rol en la empresa, pues tomó el mando de la cocina.
Cualidades sobraban entre los socios. Alberto Torrecillas se hizo cargo de la parte administrativa y financiera y Mauricio plasmó sus cualidades creativas en la empresa, desarrollando la marca y toda su imagen corporativa. Lo saludable de esta sociedad, lo reconoce el trío, es que armaron el negocio a su gusto y sabor tomando decisiones consensuadas en todos los ámbitos.
Tras comprobar que la empresa funciona, los socios abrieron la segunda tienda en la zona de El Prado cochabambino, medida que llevó también a Mauricio a involucrarse más en el negocio al igual que Alberto.
Con el negocio en crecimiento sostenido, los amigos deciden abrir más sucursales. Actualmente, cuentan con cuatro tiendas administradas directamente por ellos y cuatro como franquicia en Cochabamba.
La empresa se expandió a tal punto que salió del territorio cochabambino y ya cuenta con una franquicia en la ciudad de Oruro a cargo de dos tiendas, similar en la ciudad de La Paz, una en la ciudad de Santa Cruz y otra en Sucre, que está en proceso de reubicación.

La demanda de franquicia
Haber desarrollado una marca con altos estándares de calidad y con productos agradables al paladar ha permitido a los socios de Tropical Chicken construir su franquicia. Y fue la familia Revollo, de la ciudad de Oruro, la primera en adquirir ese derecho comercial. En realidad, la demanda les llegó a ellos y a raíz de ello tuvieron que crear el modelo de expansión del negocio.
“Hemos querido crear una marca boliviana con los estándares de una marca de afuera y eso nos llena de orgullo. Tropical Chicken no tiene nada que envidiar a una franquicia extranjera”, aseguran los tres emprendedores.
Desarrollar la marca y el menú fue un punto a favor de los socios, que introdujeron en la dieta cochabambina las alitas de pollo con sus diversas salsas. Eduardo aclara que no fueron los pioneros en Cochabamba en ofrecer alitas de pollo y sus salsas, pero por alguna razón, su empresa ganó el privilegio del mercado.
Los frappes, los filetes de pechuga de pollo y otros productos, además de desarrollar la estandarización del sabor y la calidad, han hecho que la marca se vigorice y marque la diferencia en el competitivo mundo de la comida.

A seguir creciendo
Entre los años 2011 a 2012 comenzó la era de la franquicia de Tropical Chicken y para ello se vieron en la necesidad de armar un modelo de negocio. Para ese propósito, contrataron a un experto que les ayudó a diseñar ese producto.
Hoy por hoy, manejan un modelo comparable a cualquier franquicia americana, pues cuenta con una serie de controles de calidad del producto, manual de procedimientos, imagen, diseños y otros que no han sido sencillos de desarrollar.
Según Alberto, para 2019 la sociedad contará con una oficina exclusiva para el manejo y comercialización de la franquicia, un rubro que les ha llevado a ampliar su horizonte en el mundo de los negocios, donde los estándares desarrollados por la marca y la calidad se hilan muy fino.
En esta unidad de negocios habrá personal especial encargado de evaluar a los “franquiciados”, quienes se obligan a cumplir con los estándares de Tropical para que el producto final y el servicio sea el mismo en todas partes.
Para comprar la franquicia, explica Mauricio, se requiere un buen aporte de capital para montar el negocio, pero reparó que uno de los principales requisitos es: “ser una persona correcta, con valores similares a los dueños del negocio”.
Eduardo podría sentirse más que realizado como master chef de una importante cadena de comida de la cual es socio. Alberto es el delfín de los negocios y de la economía de escala y tiene en su propia compañía su tarjeta de presentación.
Mauricio, el hombre de la creatividad, jamás dirá que el cine no fue lo suyo y a pesar de no haber conquistado un Oscar, aportó con su propio libreto para que Tropical Chicken sea una franquicia boliviana “de película”.

De siete a 120 empleos directos

- Comenzó con siete dependientes y actualmente Tropical Chicken genera unos 120 empleos de manera directa, sin contar con el personal de los locales franquiciados, donde otro ejercito de personas lleva en el pecho el orgullo de pertenecer a un emprendimiento que comenzó en una sala de cine, con $us 3 mil de capital, y que hoy otorga franquicias con la garantía de incursionar en un negocio de grandes oportunidades y réditos, aquel en el que apostaron cuando apenas tenían 24 años; todo gracias a su intuición, visión emprendedora y perseverancia.
 
-Dueños de Heladería Frozz y de Terra, este último un restaurante de comida fusión que planean reabrir a futuro en otro lugar, los tres amigos se encuentran como peces en el agua en el mundo de la gastronomía, no sólo expandiendo su empresa, sino brindando asesoramiento empresarial a otros, gracias a su experiencia.

Edwin Carpio San Miguel

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