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HOTEL MUSEO

Hotel Museo Cayara: siglos de historia que atrae turistas

Ha resistido el paso de guerras, revoluciones, y siglos y siglos de vida. Sigue de pie. Ahora alberga a turistas que pernoctarán allí uno o varios días. Todos se llevarán una grata impresión.

Enclavado a 30 minutos de la capital potosina, el Hotel Museo Cayara, único en su género en Bolivia, ofrece una serie de placenteras experiencias a clientes que gustan de hospedarse en sitios distintos a los habituales.
Fue fundado como hacienda el año 1557 por Juan de Pendones, quien la construyó con el nombre de Cayara, que es el nombre aymara de la flor que se muestra cada siglo, en el cactus gigantesco Puya Raimondi.
Magnífica y opulenta, en su momento la hacienda tuvo 54 ambientes grandes, en los que vivieron 30 familias de campesinos. En los demás recintos se acopiaba la cosecha de los productos agrícolas, especialmente cebada.

El hotel
La hacienda ocupa 72 hectáreas, de ellas 60 están dedicadas al pastoreo del ganado lechero, las restantes sirven para el hotel y la lechería que produce el lácteo, además de queso, nata, dulce y helados de leche. El hotel está sobre 2.250 m2.
Juan Jorge Aitken, gerente general, relata que se tomó la decisión de transformar la infraestructura en un hotel museo debido a la historia que tiene la casa, la cercanía a la ciudad y la búsqueda de recursos permanentes para mantenerla.
“Es un Shangri La. Hermoso clima, cielo, aire limpio y naturaleza pura”, remarca.
Explica que se ha invertido al menos medio millón de dólares tan sólo en la restauración. Su segundo propietario realizó la primera restauración en 1880 y Aitken llevó a cabo la segunda en 2005.
En el hotel trabajan diez personas y en la lechería 20, todas de la zona.

Principales salones y habitaciones
El salón más llamativo es las cuatro estaciones, que contiene un fresco original de la época en todo el techo donde se aprecian primavera, verano, otoño e invierno y los cinco continentes: América, Europa, África, Asia y Oceanía.  
La hacienda impresiona por su antigüedad y muebles de época, así como espejos venecianos, pero sin duda determinados lugares atraen por su histórico magnetismo. Sobresale la Sala del Nido, el cuarto de la marquesa, el comedor, la biblioteca, el salón Jack Aitken Soux y la delicada Capilla.
Funciona como hotel y museo desde hace 30 años con cuatro dormitorios al inicio y desde hace cinco años con 15 dormitorios y una capacidad para 30 personas, todas con baño privado.


Historia
El Virrey Toledo, quien era encargado de supervisar los negocios de la Corona Española en Potosí, encargó la construcción de la hacienda a Juan de Pendones para tener un lugar adecuado donde quedarse cada vez que llegaba a Potosí. Luego le cede los títulos a Pendones y éste a su vez vende la propiedad a los Marqueses de Otavi.
Con el transcurrir de los años, la Marquesa Dominga Palomo enviuda dos veces, Ricciotti y Tellaheche, y como ella sola no pudo con el manejo de la hacienda, entró en quiebra. El banco remató la propiedad y Luis Soux la compró para después construir la planta hidroeléctrica que, por primera vez, daría luz a la ciudad de Potosí y a su ingenio minero. Una de las hijas de Luis Soux, Julia, más conocida como Lily Soux, se quedó con la hacienda ya que sus hermanos recibieron otras haciendas, y se casó con George Aitken, quedando Cayara con la familia Aitken.

¿Cómo llegar?
Cayara se encuentra ubicada en una cabeza de valle, a 3.550 metros sobre el nivel del mar, cerca pasa un torrente que es cabecera del río Pilcomayo. Está a 23 km al oeste de Potosí. De la carretera principal se debe tomar un camino de 23 km, de los cuales 15 son asfaltados y ocho empedrados. Para llegar al lugar, hay disponible transporte público que parte todos los días a las 13:00 del mercado Chuquimia.
El hotel también tiene transporte propio y además hay taxis particulares que ofrecen sus servicios. Viajar a la hacienda de Cayara toma unos 30 minutos.

Objetivos a cumplir

Completar la remodelación y ampliar el hotel para una capacidad de 50 huéspedes.
Construir una piscina atemperada y lagunas artificiales para criar truchas, son los retos que se ha trazado la familia Aitken para los siguientes años.

Dueños
Pocos han sido poseedores de este lugar. El primero Juan de Pendones, luego los Marqueses de Otavi, en seguida la Familia Soux, y hasta hoy pasó a la familia Aitken.

 

LIBROS

Monica Briançon Messinger

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