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finanzas

Balance económico: 12 años ¿qué viene ahora?

La extracción y exportación de materias primas permitieron al Gobierno de Morales manejar en 12 años al menos $us 45.000 millones, dinero que se destinó a proyectos improductivos y hasta faraónicos, observan los analistas.

¿Es posible reinventar la economía boliviana? Bajo está sugestiva pregunta, el sociólogo y conomista      Henry Oporto abrió no hace mucho un debate nacional sobre el cual sumaron iniciativas, claro está cada quién con posiciones y tónicas distintas.
Gonzalo Chávez, Rolando Morales, la Fundación Milenio y el presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB), Ronald Nostas, hablaron sobre tres ejes puntuales: evaluar el modelo económico en actual vigencia, deshilachar, por completo, el aparato productivo nacional; y, por supuesto, mirar con proyección y moderado optimismo, lo que viene ahora en adelante para el Estado.
La trayectoria actual de la economía boliviana marca un momento de inflexión. La expansión económica impulsada por la bonanza exportadora de materias primas, toca a su fin para dar paso a un debilitamiento sostenido, que se refleja en la ralentización del crecimiento, alerta el analista Oporto.
Lo que importa subrayar es el agotamiento del modelo de crecimiento de base económica estrecha, concentrado en la exportación de gas, minerales y soya, y fuertemente dependiente de los precios elevados de los commodities, llama a la reflexión a la hora de realizar una evaluación.

La economía en 20 años
Para la Fundación Milenio, en las dos últimas décadas, la economía boliviana ha pasado de un periodo de escasez de recursos externos (2000-2003) a un periodo de bonanza externa (2004-2012), y a un periodo de desaceleración y menor disponibilidad de recursos externos (2013-2017).
En esa medida, los ciclos económicos han tenido un impacto significativo sobre el balance externo de la economía, medido éste por el balance en cuenta corriente de la balanza de pagos (CC).
La balanza en CC pasó de un periodo de continuos déficits, a uno de continuos superávits durante el periodo de bonanza externa, y nuevamente a un periodo de déficits, una vez el súper-ciclo de materias primas había llegado a su fin. Este comportamiento cíclico del balance externo tuvo un efecto directo sobre la acumulación y des-acumulación de reservas internacionales y deuda externa por parte de Bolivia, ensayó argumentos la consultora privada.
Antes de la bonanza, la economía boliviana se caracterizaba por tener continuos déficits externos, elevada deuda externa y bajo nivel de reservas internacionales.
Durante el periodo de bonanza externa, la posición externa se modificó sustancialmente y la cuenta corriente pasó a mostrar significativos superávits que en promedio alcanzaron $us 1.800 millones para el periodo 2006-2012.
Durante este periodo, las reservas internacionales del Banco Central aumentaron de $us 1.714 millones en 2005 a 13.926 millones en 2012, equivalente a un incremento promedio anual de $us 1.745 millones, según cifras de Milenio.
A su vez, la deuda externa se redujo sustancialmente en los años 2006 y 2007, gracias a los programas de reducción de deuda con organismos multilaterales del cual se benefició el país y que fueron negociados en su totalidad antes de 2006.
El stock de deuda externa bajó de $us 4.942 millones en 2005 a $us 2.208 en 2007. Durante el resto de los años de bonanza (2008-2012), el stock de deuda aumentó en alrededor de $us 400 millones por año, hasta llegar a US$ 4.196 millones en 2012.

Sensación de bienestar
Pero si de interrogantes se trata, el también economista y académico Rolando Morales planteó también otra: ¿Sensación de bienestar y temor por la economía boliviana?
Es más, abrió el telón sobre la economía boliviana de la última década cuando realizó una descripción lacerante de lo que tenemos hoy: “La economía funciona y siempre fue así, como “mono-exportación de recursos naturales, importa todo, muestra alto gasto público, existe un descuido de la agropecuaria”, observa.
Por si fuera poco esta situación, “la economía que este gobierno y sus antecesores promovieron fue alentar un sector exportador importante cuasi-mono-exportador de gas, minerales y soya, con muy pocos encadenamientos hacia adelante y hacia atrás”, enfatiza.
Según Morales, esta forma de mirar la actividad productiva en el país, permitió al Gobierno del MAS arrimar con fuerza el boom de las exportaciones, lo que a su vez facilitó solventar el crecimiento de las
importaciones y el aumento de su variedad (manufacturas y productos agrícolas).
“Así, el auge de las exportaciones permitió mantener alto el gasto del sector público. Pero ahora, pasado el boom de las exportaciones, se aplica la política anticíclica, manteniendo el nivel del gasto financiando el déficit con las Reservas Internacionales Netas (RIN) y contrayendo deuda externa”, expuso argumentos el analista financiero.
En esa misma línea de pensamiento, Oporto señala que la oferta exportadora tendió a concentrarse en la extracción de hidrocarburos y de minerales, que pasaron a representar dos tercios de todas las exportaciones.
En contraste, la industria manufacturera y la agricultura irían perdiendo peso en la canasta exportadora; de representar el 66.4% del total exportado en el año 2000, 15 años después su participación se había reducido a tan sólo un tercio del total exportado, complementa.

La baja productividad
Otro de los desequilibrios -relevante por sus efectos de largo plazo- que el funcionamiento de la economía y más que eso, el modelo en actual vigencia no pudo vencer, tiene que ver con la escasa contribución de la productividad al crecimiento, producto de la falta de progreso en la productividad de los factores y del capital, observa Oporto.
La baja productividad de la economía boliviana es sobre todo evidente cuando se la coteja con la productividad de otras economías vecinas, agrega.
El problema tiene que ver con la decisión del Gobierno de divorciar la relación entre empleo y productividad. “Los últimos incrementos salariales han sido excesivos y no responden a la realidad del sector productivo en el país, pero sobre todo no perciben las señales que emite el mercado laboral en franco decrecimiento y no consideran además las posibilidades o imposibilidades de las medianas y pequeñas empresas”, declara Nostas.
No olvidemos, agrega, que los sobrecostos desvinculados de la productividad, son recursos económicos que restan a las necesidades de reinversión y crecimiento de las empresas.   
Este punto también fue amplificado por Gonzalo Chávez. A su criterio, la economía y política “son informales” y respalda su afirmación con un estudio que hizo el Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la economía informal en el mundo.
Según ese estudio, Bolivia es el país con la mayor economía informal del mundo. Leandro Medina y Friedrich Schneider sostienen en Economías informales alrededor del mundo: ¿qué aprendimos en los últimos 20 años? que entre 1990 y 2015 en Bolivia el tamaño promedio de la economía informal fue de 62,3%, sostiene Chávez.
La propaganda oficialista sostiene que Bolivia es líder regional en crecimiento económico, pero ahora también se sabe que es campeón mundial cuando se trata de economía subterránea, escondida o negra, todos sinónimos de informalidad.
Por lo tanto, parte del crecimiento económico de los últimos años, basado en el mercado interno, se explica porque vendemos nuestra alma al diablo de la ilegalidad y, en algunos casos, de la delincuencia, denuncia.
La informalidad no es ninguna novedad. Cualquier ciudadano boliviano que circule por las calles del país conoce este fenómeno. Lo que parece diferente en Bolivia es que la economía informal ha sido alentada en algunos casos, como el contrabando y el comercio ilegal, y tolerada en otros, como la producción de coca para la exportación con ahínco desde el Estado, apunta.
Para el economista, en la última década, con la expansión de la economía informal en un contexto de crecimiento económico, el fenómeno de la informalidad es cada vez más complejo.
“Ya no es sólo el escondite de negocios chicos, sino también de empresas medianas y grandes con redes transnacionales, con enorme poder financiero y político. En el caso boliviano, la informalidad se concentra en el comercio y los servicios”, asegura.
Además de las razones institucionales (carga salarial, tramitología, exceso de impuestos), que empujan a los negocios a la informalidad, se adicionaron políticas públicas que premiaron el ingreso a estas actividades.
“Un ejemplo de ello es mantener un tipo de cambio real apreciado, que fomenta las importaciones legales y de contrabando, creando un empleo de baja calidad, y un esquema de captura de enormes rentas por parte de una tradicional y una nueva burguesía comerciante”, indica.
En términos de desarrollo y en una perspectiva de largo plazo, se propició el traslado de población de un sector que mantuvo una baja productividad, como la agricultura, a otro de aun menor productividad, como el comercio y los servicios informales. La creciente urbanización del país refleja esta tendencia.
Esta situación, a todas luces irregular, generó un efecto riqueza, una enorme burbuja de consumo, pero no desarrollo estructural y productivo, alerta, al igual que Morales y Oporto.

¿Y el modelo se agotó?
Otro tema de evaluación fue el modelo económico que puso en vigencia el presidente Evo Morales hace 12 años.
Sobre este asunto, complejo y altamente inflamable cuando se abre al debate para mirar los efectos que tuvo y resultados que alcanzó, Chávez realiza una descripción puntual.
“En el caso boliviano, el modelo económico, social, comunitario, productivo y sus resultados están en un proceso de religiosización promovida desde el Estado”, introdujo el tema.
En criterio del economista, “la nueva economía va camino a convertirse en la droga contemporánea del pueblo. Los que antes criticaban, con razón, la fe ciega de los neoliberales en las virtudes mágicas del mercado, ahora elaboran doctrina y levantan templos para convertir el nacional desarrollismo en la nueva religión estatal, el Evoeconomics. El símbolo supremo del Evoeconomics: el monumento a la modernidad chuta y al cemento, que la gente ha denominado como el Palacio de Evo”, dice.
Mucho más incisivo, Chávez se pregunta ¿Pero cuál es la propuesta de la religión nacional desarrollista? Es un modelo de desarrollo basado en la inversión pública y la industrialización de los recursos naturales, en ambos casos mirando por el retrovisor. Propone subir la escalera del desarrollo, generando valor a las materias primas.
El mineral se convierte en un lingote; después se producen clavos, posteriormente se hacen calaminas y, en algún momento del horizonte del proceso de cambio, se llega al automóvil nacional. En el mismo camino, el gas se vuelve polietileno. En suma, es hacer la revolución industrial inglesa con 200 años de atraso.  
“Se sabe todo, pero no se sabe cómo implementarlo”, afirma a su vez Morales en alusión a Douglas North, para introducir el cambio de modelo.
¿Cómo pasar el periodo de transición hacia un proceso de transformación productiva?, lanza la interrogante el analista y luego dibuja algunas respuestas para identificar soluciones: debemos subsanar “problemas de financiamiento, de oportunidad política y de mentalidad”, complementa.
Bolivia sale de un periodo de alto crecimiento –dado los parámetros históricos- sin haber transformado su estructura económica y sin haber reducido su vulneralidad a las fluctuaciones del mercado internacional, señala Oporto.
Puesto que el motor de expansión ha sido el sector extractivo, apoyado por un contexto internacional extremadamente positivo, con términos de intercambio muy favorables, la bonanza ha servido ante todo para consolidar la condición primario-exportadora de recursos de Bolivia, es decir, una economía basada en recursos.
Este efecto paradójico ha significado, por otro lado, que el país haya dejado pasar la oportunidad de transformar su estructura productiva y, por lo tanto, de proyectarse como una economía de eficiencia, con mayores componentes de innovación y avance tecnológico.

Los males del modelo Evo
La cuestión crítica que emerge ahora es la sostenibilidad del modelo económico implantando bajo el gobierno de Evo Morales que, como ya se dijo, se ha caracterizado por su base estrecha, su baja productividad y competitividad y su alta dependencia de los precios altos de las materias primas, recalca Oporto.
En ese sentido, el sociólogo identifica al menos cinco problemas que arrastra el modelo y que deben ser resueltos estructuralmente.
Los problemas que subyacen a esta crisis de sostenibilidad tienen que ver: (1) con el rápido agotamiento de los recursos de gas natural y minerales, debido a la sobre explotación de los campos y yacimientos y
la falta de inversiones exploratorias y en descubrimiento de nuevas reservas; (2) la fuerte caída de las exportaciones, sobre todo de las ventas de gas natural y, por consiguiente, de los ingresos fiscales; (3) la disminuida competitividad de la economía boliviana, entre otros factores, por los efectos de la enfermedad holandesa reflejados en una política de inoportunas apreciaciones cambiarias y luego en la fijación de un tipo de cambio sobrevaluado; (4) la incertidumbre en torno a las ventas futuras de gas natural al Brasil; (5) el creciente déficit fiscal y los déficits en la balanza de pagos y de cuenta corriente, que socavan los fundamentos de la esta estabilidad macroeconómica.

Edwin Miranda V. / La Paz

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